Revista
Semana
El
escándalo que vive Colombia ha tenido un desarrollo tan acelerado en las
últimas semanas, que pocas personas comprenden qué es lo que en realidad está
pasando. Semana.com le ofrece todas las pistas para que usted resuelva sus
inquietudes.
La crisis política
desatada tras el proceso por la vinculación de congresistas y miembros del
gobierno con grupos de autodefensas se comenzó a gestar hace más de un año,
gracias a la aparición de nuevos testigos y pruebas que comprometían a altos
funcionarios con paramilitares de la Costa Atlántica. Aunque el tema no era
nuevo para la justicia, sólo entonces comenzó a funcionar el aparato estatal
encargado de las averiguaciones, pese a que algunos entes como la Fiscalía
tenían la mayoría de las pruebas represadas desde hacía más de cinco años.
El primer hecho concreto que les dio impulso a las investigaciones fue la
denuncia presentada por la ex candidata a la alcaldía de Bogotá Clara López,
integrante del Polo Democrático. López decidió pedirle a la Corte que
investigara a los congresistas para establecer si eran ciertas las afirmaciones
que años atrás hizo Salvatore Mancuso, según las cuales las autodefensas tenían
el control del 35 por ciento del Congreso. Aunque la cuestionada frase había
sido rechazada por legisladores de todos los partidos y algunos la incluyeron
en sonados debates de control político, fue López la primera en pedirle a la
justicia que investigara el caso.
La prensa también jugó un papel importante con su labor de denuncia y
seguimiento permanente al caso. Semana reveló con detalles cómo fue que los
tentáculos del comandante del Bloque Norte de las Autodefensas, Rodrigo Tovar
Pupo, ‘Jorge 40’, hoy desmovilizado, penetraron el DAS, y de qué manera se
fraguó el fraude electoral de 2002 y 2006. Dichas investigaciones, que en
principio fueron desmentidas por el presidente Álvaro Uribe, fueron comprobadas
poco a poco por la justicia. El Tiempo, Cambio y algunas investigaciones de
Claudia López (también publicadas por Semana.com) pusieron el dedo en la llaga
sobre la forma como los paramilitares se repartieron los votos de la Costa
atlántica para lograr que sus amigos llegaran al Congreso.
Todas estas iniciativas se sumaron a los valientes esfuerzos de control
político que desde el Congreso hicieron legisladores como Gustavo Petro (el
hombre que destapó la penetración paramilitar en Sucre, Córdoba, Cesar,
Magdalena), la Fiscalía y otros órganos del Estado, y la senadora Piedad
Córdoba, quien en más de cinco debates habló sobre la penetración en el DAS y
la imposición armada de candidatos para las Alcaldías, las Gobernaciones, la
Cámara y el Senado.
Como si fuera poco, las
autoridades decomisaron al paramilitar Edgar Ignacio Fierro, conocido con el
alias de ‘Don Antonio’, un computador con información detallada sobre los
contactos de ‘Jorge 40’ con los políticos; cinco congresistas fueron purgados
de las listas uribistas por orden presidencial debido a nexos con los
paramilitares, pero luego se reencaucharon en otros partidos, también
uribistas; un paramilitar desertor conocido como alias ‘Pitirry’ (hoy asilado
en Canadá) dio nuevos detalles sobre las masacres cometidas en Sucre; algunos
senadores, llevados por el desespero, reconocieron sus contactos con las
autodefensas; y, recientemente, Salvatore Mancuso divulgó un documento que
compromete a 28 líderes de la Costa en un pacto con las autodefensas para
“refundar la Patria”.
Con todas estas pruebas, más los testimonios de varios desmovilizados y
familiares de víctimas anónimas, la justicia comenzó a armar el proceso. Estas
son las piezas claves.
Los detenidos
Por cuenta de estas investigaciones ya están tras las rejas 10 pesos pesados de
la política colombiana.
Los tres primeros fueron los senadores congresistas Álvaro García y Jairo
Merlano y el representante Erick Morris, todos del departamento de Sucre y
miembros de la bancada uribista en el Congreso. La Corte Suprema de Justicia,
encargada de investigar a los congresistas, les abrió investigación el 18 de
octubre de 2006; una semana después, los llamó a indagatoria, y finalmente les
dictó orden de captura por concierto para delinquir en asocio con grupos de
autodefensas. García está acusado de participar en el complot para ordenar
algunas de las masacres de campesinos cometidas entre 2000 y 2002. Pero el caso
más grave es el de Merlano, al que se le investiga como jefe de un grupo de
autodefensas. Cuatro diputados de los grupos políticos de estos congresistas
habían sido capturados meses atrás por la Fiscalía.
El 15 de febrero de este año, tras dos meses de zozobra sobre lo que ocurriría,
la Corte ordenó la captura de seis congresistas más, esta vez por las denuncias
sobre infiltración paramilitar en Cesar y Magdalena. Se trataba de Álvaro
Araujo, Mauricio Pimiento, Dieb Maloof, Luis Eduardo Vives, Alfonso Campo y
Jorge Caballero, todos uribistas señalados de tener vínculos con ‘Jorge 40’ y
beneficiarse de la repartición electoral decretada por los paras y revelada por
la analista Claudia López. Aunque los cinco primeros fueron capturados esa
misma noche, el último sigue prófugo. Maloof, Caballero y Vives habían sido
expulsados del uribismo a comienzos de 2006, por vínculos con autodefensas,
pero luego volvieron al redil con la bendición presidencial.
Finalmente, este 22 de febrero fue capturado el ex director del DAS Jorge
Noguera, el más cercano al presidente Álvaro Uribe en el listado de
involucrados. Noguera fue acusado por Rafael García, ex director de informática
del DAS nombrado por él, de permitir que la tenaza paramilitar cooptara la
entidad. Según García, hoy preso por borrar antecedentes de narcos pedidos en
extradición, el propio Noguera permitió la infiltración y les suministró a los
paras bases de datos para alterar los resultados electorales, e información
sobre líderes sindicales que luego fueron asesinados. El escándalo le costó a
Noguera el consulado en Milán. Sin embargo, Uribe insistió en su inocencia
argumentando que cuando Noguera era el director de su campaña en Magdalena, “me
quedé en su casa”.
Los prófugos
Por el mismo escándalo están prófugos de la justicia el ex gobernador de Sucre
Salvador Arana y el representante Jorge Luis Caballero.
Arana, muy amigo del presidente Uribe, fue nombrado como diplomático en Chile,
pese a que la Fiscalía lo investigaba desde hace cinco años por nexos con
paras. Desde el Congreso, el senador Petro denunció en 2004 que Arana era
responsable por los homicidios cometidos por el grupo de alias ‘Diego Vecino’,
hoy desmovilizado, y el temible Rodrigo Mercado Peluffo, ‘Cadena’,
misteriosamente desaparecido en Santa Fe Ralito. Otra prueba en su contra es el
testimonio del ex alcalde del Roble (Sucre) Tito Díaz, quien en pleno consejo
comunal denunció ante el presidente Álvaro Uribe que Salvador Arana quería
matarlo por su actitud de rechazo a los paras. Lamentablemente, la justicia no
actuó a tiempo, y Díaz, tal y como lo anunció por televisión, fue asesinado a
manos de las autodefensas, pese a que imploró ayuda presidencial. Interpol
tiene una orden de captura en contra de Arana.
El caso de Caballero es distinto. La inusitada votación obtenida para las
elecciones de Congreso, que en algunos municipios superó el 93 por ciento,
llamó la atención de la Corte, que no quedó satisfecha con sus respuestas sobre
su cercanía con alias ‘Chepe’ Barrera, jefe paramilitar del sur de Magdalena.
Caballero tiene, además, un grave antecedente. Ya había sido expulsado de las
listas del uribismo por sus nexos con autodefensas. Hay una versión en el
sentido de que está en Alemania o en España. No ha manifestado intención de
volver al país.
¿Quiénes siguen?
El proceso comenzó en la Costa atlántica y la mayoría de implicados pertenecen
a esa región. Sin embargo, en las últimas semanas la Corte y la Fiscalía
también adelantan pesquisas contra congresistas de departamentos como Boyacá,
Casanare y Antioquia.
En Córdoba hay un grupo grande de dirigentes salpicados por participar en el
“acuerdo de Ralito”. Entre ellos figuran los senadores Miguel de la Espriella,
Reginaldo Montes y Juan Manuel López, así como un ex gobernador, el ex director
del Inco, Luis Carlos Ordosgoitia, y la ex senadora Eleonora Pineda. Se espera
que en los próximos días la Corte decida sobre su situación.
De Cesar es investigado el gobernador Hernando Molina, primo del senador Araújo
y de la ex canciller María Consuelo Araújo. Se le sindica de beneficiarse de un
pacto con ‘Jorge 40’. Trino Luna, gobernador de Magdalena, también está vinculado,
tras los señalamientos de la congresista Piedad Córdoba de que fue impuesto
como candidato único por las autodefensas.
Ahora el fiscal general, Mario Iguarán, envió a la Corte pruebas que, según él,
comprometen al representante Óscar Wilches con las autodefensas de Martín
Llanos. En ese mismo departamento seis alcaldes son investigados por los mismos
hechos. Y en Boyacá, Ciro Ramírez, famoso por sus reiterados intentos de
prórroga del mandato del presidente Uribe, ya está en la mira de la justicia por
unas grabaciones en las que aparece en comprometedoras conversaciones con los
narcos.
Aunque ninguno de ellos está preso y quienes lo están aún no han sido
condenados, el ambiente favorable a la investigación ha permitido que la Corte
–en el caso de los congresistas– y la Fiscalía acumulen cada vez mayor cantidad
de pruebas sobre el grado de compromiso de los funcionarios con los grupos
ilegales.
El impacto en el Congreso
La investigación tiene con los nervios de punta a los congresistas desde finales
del año pasado. Y no es para menos. La vinculación de congresistas influyentes
en los círculos sociales bogotanos hace pensar que en esta oportunidad la Corte
está decidida a darse la pela en la difícil tarea de esclarecer lo ocurrido.
Es por esta razón que las sesiones del Congreso son cada vez menos concurridas.
Ni siquiera el llamado presidencial a sesiones extraordinarias para discutir el
TLC con Estados Unidos y el Plan de Desarrollo han logrado que los legisladores
se concentren en esa misión. Los desolados pasillos dan testimonio sobre la
situación. Para colmo de males, Uribe se queja de la falta de apoyo de su
bancada cada vez que tiene que salir a defenderse de una embestida de la
oposición. “Parece como si le tuvieran miedo a la oposición”, dijo Uribe en
entrevista con una cadena radial.
En la comisión cuarta de la Cámara no saben qué hacer porque el presidente y el
vicepresidente están presos y en esas condiciones muchos creen que las
decisiones que se tomen (sobre temas tan importantes como el Plan de
Desarrollo) pueden quedar viciadas. En la comisión quinta del Senado tampoco
hay presidente desde el día en que Araújo fue capturado por agentes del DAS en
uno de los centros comerciales más lujosos de Bogotá.
Al enrarecido ambiente se suma la expectativa por el anunciado debate del
senador Petro contra la familia del presidente Uribe, a la que acusa de
promover el paramilitarismo en Antioquia. Hay paranoia y nervios alterados. Los
chistes negros son cada vez más frecuentes y hay quienes, por ejemplo, aseguran
que a este paso, será más fácil lograr quórum en la cárcel de La Picota.
El impacto en el gobierno
Pese a que el presidente Álvaro Uribe se la jugó a fondo desde el primer día
para evitar que el escándalo salpicara su administració n, la realidad es que
cada vez resulta más tocado. Primero fueron las denuncias contra Noguera, quien
era ni más ni menos que el jefe de la Policía Secreta que depende directamente
del presidente.
Luego apareció el documento de Ralito, que comprometía a Ordosgoitia, su ex
director de concesiones. Y finalmente, la Canciller, a la que tuvo que
aceptarle renuncia a comienzos de esta semana ante la inmensa presión política
nacional e internacional. Aunque Uribe insistió en que no la sacrificaría, los
hechos terminaron imponiéndose: una persona, por muy capacitada que sea, no
puede manejar la imagen internacional del país si su hermano senador está preso
por paramilitarismo su padre está procesado por secuestro y homicidio de
líderes indígenas, y su primo está sindicado de ganar la gobernación de Cesar
gracias a un pacto con las autodefensas de ‘Jorge 40’.
Cada una de esas tres bajas en el gobierno tiene un valor muy especial para
Uribe. Todos eran amigos suyos. A todos los defendió hasta último momento.
Noguera, el más gravemente cuestionado, es de su íntima confianza y hasta
dirigió su campaña en Magdalena, uno de los sitios en donde se investiga si
hubo fraude en las recientes elecciones. A la hora de los balances, el gobierno
sale muy mal librado por el escándalo, aun cuando el Presidente insista en que
lo “destapado” hasta ahora sea consecuencia de su política de seguridad
democrática. A decir verdad, el gobierno fue el primero en poner en duda las
informaciones sobre el fraude electoral, la paramilitarizació n del DAS y
algunos de los hallazgos del computador de ‘Jorge 40’.
En la encrucijada
Capítulo aparte viven funcionarios como el procurador Edgardo Maya Villazón y
la ministra de comunicaciones, María del Rosario Guerra de la Espriella. El
primero tiene el reto de demostrar independencia en el proceso como jefe del
Ministerio Público y familiar de varios de los implicados. Es padrastro del
cuestionado gobernador de Cesar, y tío del senador Araújo.
La ministra, por su parte, hace parte de una de las castas más influyentes de
Sucre, el departamento bañado en sangre por las masacres paramilitares. Su gran
dilema está en que el escándalo ya tocó a su familia, pues en las últimas horas
se conoció que el gobierno destituyó a su primo Víctor Guerra de la Espriella
del cargo de delegado en la Corporación Autónoma de Sucre, por hacer parte de
los firmantes del “acuerdo de Ralito”. Aunque la ministra dice que su caso es
muy distinto del de la ex canciller Araújo y se escuda en que su familia es muy
numerosa (“tengo 53 primos por el lado materno y 25 por el paterno”), la
oposición comenzó a pedir su renuncia.