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Uribe es la punta de lanza de la política de Bush en América Latina

 
 
Por Antonio Morales Riveira


Después de publicar siete novelas, la escritora Laura Restrepo se ha convertido en una figura literaria mundial. Aparte de ganar con su obra Delirio el Premio Alfaguara de Novela, acaba de conquistar el Grinzane Cavour, uno de los galardones más prestigiosos de Europa. Pero en el fondo de ella permanece la misma izquierdista de corazón, aquella demócrata radical que integrara, durante unos meses, el gabinete del alcalde Lucho Garzón, aunque durante ese período sus opiniones sobre el gobierno de Álvaro Uribe no fueron propiamente un dechado de diplomacia.

A.M.R. – En un sentido amplio de la política, el eje que antes era la división entre derecha e izquierda (y que lo sigue siendo de alguna manera) se desplaza dividido por el Ecuador. De un lado el viejo norte, pudiente y aburrido, y luego el sur miserable, pero lleno de vida y de futuro…

L.R. – La cosa parece geográfica pero no es así, es una lucha poderosamente política y la raya está en la democracia. Los países llamados democráticos están muy cómodamente instalados en una serie de ventajas en el manejo del Planeta y muy empeñados en que no haya desarrollo democrático en el resto del mismo. Cuanta lucha se emprende en nuestros países para lograr un avance democrático, es aplastada sistemáticamente por los Estados Unidos. ¿Cómo entender que los supuestos paladines de la democracia se empeñen en aplastar cualquier movimiento democrático que aparezca en el resto del mundo? Esta es una pelea que en muy buena medida hay que dar en el terreno de la palabra, de la palabra que nos quitan. Por lo menos los que estamos del otro lado tenemos la posibilidad de pelear, de soñar con cielos más altos, pensar en la dignidad del hombre, en lo colectivo, en lo solidario, y esa es una ventaja humana enorme.

-En América Latina están pasando cosas que aparentemente no hacen parte de una concertación ideológica ni tampoco de una casualidad del momento, sino de una evolución histórica. El caso más cercano, el de Evo Morales, en el cual uno siente que antes que nada es el regreso del espíritu de los amautas aymaras y quechuas, de esa filosofía más o menos materialista por estar fijada a la naturaleza y a la vida. Es como el regreso 500 años después, no de un pueblo solamente, sino de una manera de pensar y de ver el mundo…

– Creo que Bolivia es el pueblo más interesante políticamente de América Latina. No nos olvidemos de que en los años 50 los mineros bolivianos estuvieron muy cerca del poder; en Bolivia lograron imponer esa cosa que se ha llamado las Tesis de Pulacayo, la nacionalización de las minas, las fábricas con control obrero, la jornada de trabajo, o sea un socialismo no burocrático. Estoy hablando de una gente muy peleadora y con una conciencia política muy alta. Cuando estuve en La Paz quedé muy sorprendida de esos Andes gigantescos llenos de aymaras encaramados, que cada vez que se enfurecen agarran y trancan las carreteras, desbordan los ríos, arman la de Dios es Cristo, tienen la ciudad sitiada. Lo mismo que pasa en Bogotá y en Medellín, salvo que acá la gente de los barrios de arriba se porta bien.

AMR– Hagamos aún más particular nuestra conversación. Chávez, el proyecto de la quinta república, de la revolución bolivariana, tan intensamente amado en algunos sectores de América Latina y tan horriblemente odiado y puesto en la picota por otros. Cuál es su sentir y creo que de ello nunca ha hablado públicamente….

LR– En Venezuela apenas bajas del avión ahí mismo “estás a favor o estás en contra”. Desde luego un tipo con la pinta de Chávez tenía que producir un malestar espantoso en un continente acostumbrado a tener unos señores de corbata y más o menos blanquitos. Chávez es de extracción popular y de otra raza distinta de la blanca. Y con unos planteamientos que no serán clásicos pero que ponen la mirada sobre los pobres. En Venezuela se dicen las cosas más horrendas pero no han empezado a matarse como nosotros y eso es una señal de cultura. Además, Chávez también ha volteado los ojos hacia el bienestar de las mayorías, eso es de celebrar. Yo estoy muy contenta. El neoliberalismo y el olvido absoluto de las mayorías, el desprecio por la pobreza, la glorificación del éxito personal, el darle permiso a las transnacionales y a los grandes negociantes de arrasar con todo, el desprecio por los niños, por los ancianos…afortunadamente eso tocó fondo, y mostró su cara más inhumana, y yo creo que en eso hemos tenido ayuditas, por ejemplo el señor Bush ha sido, en medio de todo, una ventaja histórica, porque nos muestra la cara más horrenda de todo ese proceso. Tenía que subir un tontarrón a la Presidencia de los Estados Unidos para que se pusiera en evidencia que el proceso de desnaturalización y deshumanización se estaba y se está llevando a cabo.

AMR– Pero hay un control enorme de la información, manejando de manera autoritaria todo lo que es relativo a la libertad de prensa.

LR– Eso puede ser una reacción por parte de la gente del gobierno ante una presión tremenda por parte de la oposición. Los norteamericanos, y sonará a paranoia de izquierda pero es más claro que el agua, se las ingenian para respaldar unas oposiciones a los procesos democráticos o a los procesos que se les salen un poco de control, unas oposiciones golpistas, de verdad muy violentas y con métodos de la CIA. Eso polariza también mucho los procesos. El problema se da cuando la oposición es golpista, cuando la oposición te está tirando a la yugular. Ojalá los venezolanos demócratas tengan la habilidad de no permitir que este intento de echar una mirada sobre los pobres, de utilizar los inmensos recursos que tienen allá para el desarrollo en favor de unas clases que hace siglos que no ven una, no se distorsione y no se vuelva un régimen totalitario.

AMR– ¿Qué siente de los cuatro años de Uribe? Las clases dirigentes colombianas compraron e hicieron ganar a un proyecto de derecha, que muy rápidamente se les volvió un proyecto de extrema derecha, que se quiere reproducir en el poder.

LR– No deja de ser una gran paradoja que en medio de un proceso generalizado en el continente, de búsqueda de salidas más democráticas y menos autoritarias, menos discriminatorias, y menos ignorantes de los pobres, en Colombia está pasando justamente lo contrario. Nosotros somos la vanguardia de la vuelta atrás.

AMR– Pero coincide eso precisamente con que Colombia es el único país en América Latina donde subsiste una lucha armada y una confrontación con la guerrilla, el paramilitarismo y el narcotráfico…

LR– Ese es un esquema muy generalizado y yo veo otro esquema posible. La presencia de Bush garantiza, justifica, explica la presencia de Uribe y su permanencia se manifiesta en virtud del hecho de que está respaldado por una figura mayor y del mismo signo que es desde luego George Bush.

AMR– ¿Finquero de la misma condición intelectual?

LR- Y de la misma estatura moral, que es todavía más significativo, Uribe es la punta de lanza de la política de Bush frente a América Latina. Uribe es un gobernante altamente indeseable. ¿Por qué el pueblo colombiano se ha montado con tal pasión a respaldar a un gobernante que está de espaldas a todos los grandes lineamientos históricos? Yo pienso que estamos en una contrarrevolución. Las contrarrevoluciones, desde luego, tienen su euforia y se sienten liberadoras, rescatando los antiguos valores feudales, familiares, religiosos, autoritarios. Vivimos una euforia que tiene un signo contrarrevolucionario…

AMR– Que se opone a ¿cuál revolución?

LR- En Colombia se ha dado una revolución democrática muy interesante. Los procesos de paz, en medio de las contradicciones, de las fallas, son procesos de apertura mental y política, porque por primera vez se daba la opción de que una disidencia pudiera entrar a conversar y pudiera entrar a dialogar. Desde Belisario se produjo toda una apertura hacia esa gente que estaba tratando de hacer oposición armada, porque los canales políticos eran demasiado estrechos, porque en la legalidad les daban por la cabeza, los encarcelaban, los mataban. Entonces se abrió la posibilidad de pensar que el país era más que los partidos tradicionales. Eso fue un remezón muy profundo. Luego vienen otros procesos de paz, unos “payasos” como el que se llevó a cabo durante Pastrana. Pero hay por debajo una auténtica revolución democrática en el pueblo colombiano. Empieza a haber otra voz. Eso desemboca en un hito democrático muy importante que es la Constitución del 91, donde de alguna manera se plasma esa apertura. No deja de ser muy significativo que en esa Constitución estaban presentes todas las tendencias políticas del país, más los indios, más los negros, más los evangélicos. Sí, eso fue de verdad deslumbrante...

AMR– ¿Y usted siente que muy inmediatamente se empezó a activar esa contrarrevolución?

LR– Sí, y lo que pasa es que ahora está triunfante. Se ha ido fortaleciendo y se ha ido consolidando y hoy en día está en su apogeo. Pero la Constitución del 91 viene acompañada por hechos también democráticos de mucha significación, la elección popular de alcaldes remece el interior del país, mucho más de lo que podemos ver a vuelo de pájaro. Son conquistas democráticas que empiezan a afianzarse; el surgimiento de dirigentes ajenos a las clases políticas tradicionales. Todo quiere decir que el país se está abriendo, se está sacando de encima la camisa de fuerza de ese gamonalismo y de esa tiranía de los partidos tradicionales. Entonces esa era la revolución en marcha.

AMR– Toda contrarrevolución produce una contra; triunfaron los sandinistas y montaron la contra. En Colombia quizás se dieron unas condiciones de democratización de la vida colombiana hace quince años o un poco más, y surgió una contra que son los paramilitares. ¿La contra está en el poder hoy?
LR– La contra está en el poder hoy con el presidente Uribe, que tiene un programa claramente antidemocrático. Uribe odia la Constitución. Y quiere desmontar las cosas que lograron fraguarse en ese proceso democrático. Se desmontan los procesos de negociación, se desmonta la Constitución, se le mete el acelerador al presidencialismo y se saca gran carta de la manga, el paramilitarismo, que es la garantía armada de que la contrarrevolución se puede imponer y que la democracia se puede desmontar.

AMR– ¿Cree usted que la legítima o ilegítima desmovilización de los paramilitares y el proceso de Ralito, son un voto de confianza del Estado en el sentido de que esa contrarrevolución paramilitar ganó y que ya no es necesario mantenerlos activos?

LR– Dentro de un ámbito democrático toda negociación es necesaria; uno no puede decir con la guerrilla sí, negocien, pero no con los paramilitares. Lo que pasa es que hay un truco ahí muy complicado. Si los paramilitares son un brazo ilegal del propio Estado, como lo son, por sus vínculos con las fuerzas militares, porque operan despenalizadamente en todo el país, entonces tenemos que la negociación es una negociación del Estado consigo mismo. Eso es impresentable. El Estado no puede negociar con su ala ilegal para legalizarla. Esta negociación sin principios nos va a llevar a una situación muy calamitosa, despenalizando sin los debidos juicios, sin los debidos procesos, negociación incondicional.

AMR– ¿Qué puesto le da usted en eso que llama la “contrarrevolución” a los medios de comunicación que construyen y reconstruyen tendencias a su antojo en torno a Uribe? ¿Cree que esos medios se comprometieron definitivamente con la guerra y con unos actores de la guerra en Colombia?

LR– Una cosa son los dueños de los medios que en general se han movido unánimemente en torno a Uribe y otra es la tarea de los reporteros y de los periodistas que de todas maneras mantienen abiertos espacios de discusión, de debate en los periódicos, en la radio, donde asoma cada tanto el otro país, y a pesar de que son muy minoritarios, permiten que la gente aprenda a leer entre líneas. Y si aquí no es aplastante ese predominio, esa trenza jugada a opciones no democráticas, es porque la gente lee entre líneas. Si la gente lee un titular inmediatamente está sospechando que la cosa puede ser justamente la contraria. Uribe es la cabeza visible pero va a tener problemas tremendos, cuando esta gente que lo respalda, que está con él, este paramilitarismo que entiende que Uribe es una buena opción de gobierno, le saque la mano.

AMR– Si la estructura del poder en Colombia ya compró ese proyecto, que era de derecha y se convirtió en ultraderecha, ¿cómo puede desmontarse de lo que ya se compró?

LR- Es impresentable que en Colombia se esté afianzando el fascismo como se está afianzando, es impresentable que en Colombia estén teniendo ese lugar en la política, en el parlamento, en el campo, en las carreteras, en la Presidencia, grupos paramilitares al margen de la ley. Tarde o temprano eso tiene que caer por su propio peso. Esa complacencia del gobierno de Estados Unidos con el paramilitarismo, con sus implicaciones de narcotráfico en Colombia, pareciera indicar que está barajando una opción para frenar los procesos democráticos; elecciones y por detrás una acción paramilitar que favorezca el desmonte de la democracia.

AMR– En Colombia la guerra es estable y las guerras son todo lo contrario de la estabilidad, están hechas para que duren poco, para que alguien gane o pierda, pero la inmoralidad de la guerra consiste en que cada año produce 4.000 muertos, que hacen parte de esa cuota estable de la cual además se nutre la economía de la guerra en la que ganan los paras, los narcos, el Ejército y las Farc. Todos hacen parte de la perversa estabilidad de la guerra en Colombia.

LR– Aquí hay muchos que ya ganaron, hasta las Farc también ganaron. Ganaron territorio, ganaron poderse consolidar, ganaron que no los puedan sacar de ciertas zonas, ganaron evidentemente muchísima plata y eso lleva a un estado de equilibrio, que durante el gobierno de Pastrana se puso muy en evidencia. También la guerrilla en eso juega un papel de distorsión de un verdadero proceso político de democratización. ¿Cuál es el verdadero enemigo de estos paramilitares, cuál es el enemigo de Bush, cuál es el enemigo de Uribe? No es la guerrilla como ellos dicen… es el pueblo colombiano que está bregando para obtener niveles de vida más dignos, una cuota de alegría, es el proceso democrático. Pero al estar ahí la guerrilla, actúa como una especie de comodín. A mí no me simpatiza para nada el papel que cumple la guerrilla en este país. Las Farc no juegan a favor de ese proceso democrático. Las Farc tienen una apuesta muy territorial. Una guerrilla que no aspira al poder es una guerrilla que inmediatamente se corrompe, se burocratiza, se contenta con el poder local, con los negocios…

AMR– Parece claro el retroceso de todas las conquistas sociales y laborales hasta regresarnos a la Colombia de los años cincuenta o más atrás…

LR– Con las banderas de la seguridad, Uribe ha logrado que nadie vuelva a decir que tiene hambre, que necesita salud ni que quiere techo. Y entonces, viene muy bien decir que en Colombia hay una guerrilla estalinista – lo cual es cierto– que tiene vínculos con el narcotráfico – lo cual es cierto–. Entonces se justifica la represión a fuerzas democráticas que legalmente no podrían estar siendo aplastadas, encarceladas, acalladas, asesinadas. Entonces por eso yo creo que la guerrilla contribuye a que el proceso sea particularmente oscuro.

AMR– Pareciera ser que el único recambio que le queda a la sociedad colombiana después de haber pasado por la social-democracia, la derecha, el extremo centro, la extrema derecha, es la izquierda democrática. ¿Cree que la solución negociada se puede dar entre un gobierno de izquierda y la guerrilla?

LR– Ante la amenaza de la consolidación del fascismo cabe hablar de una alianza entre demócratas. Desde luego también estoy convencida de que quienes empujan esas alianzas, de que quienes ponen el cuerpo, es la gente de izquierda. Porque yo pienso que ser de izquierda hoy en día consiste en tener una vocación democrática y asumir los riesgos que eso implica, que son muy grandes. Pero yo sí creo que habría que hacer un acuerdo amplio en torno a la democracia, a los principios democráticos, hay que negociar con la guerrilla, una negociación con los paramilitares, desde luego se puede hacer, pasando por la depuración todos los miembros de las Fuerzas Armadas que estén ligados al paramilitarismo.

AMR.– Pero para eso la izquierda debe llegar al poder, ¿no?

LR– No hay otra ética en la política que la de llegar al poder.

AMR– Hay una encuesta que dice que Uribe no gana en la primera vuelta, otra que sí. ¿A qué le huele todo lo que está pasando en la política electoral colombiana?

LR– Esta mentira que involucra a todo el mundo todo el tiempo, es de verdad insostenible, esto tiene que reventar, no se puede estar afianzando en Colombia un proyecto fascista y paramilitar sin que pase nada. Eso simplemente va a empezar a tener fisuras, por todas partes.

AMR– Toda esa gente que tiene una reflexión y que tiene una propuesta, no puede darle camino, porque se lo impiden los medios unánimes. Se navega en el círculo vicioso de los intelectuales, en el corsé gigantesco del silencio…

LR– Los medios fabrican su propia realidad, la realidad colombiana es la que figura en la primera página de El Tiempo. Y entonces dominan esa realidad que ellos mismos fabrican. Los políticos que ponen, los protagonismos que arman, las frivolidades que fomentan, pero eso también es soga para su propio pescuezo, la verdadera realidad colombiana se les queda por fuera. Y ella se maneja en muy buena medida al margen de los medios.

AMR– Pero ya vienen las elecciones. Juguemos con otros nombres distintos al de Uribe. Serpa, Carlos Gaviria, Mockus…

LR– Yo le he dado mi apoyo público a Carlos Gaviria, porque siento que es un tipo valiente y honesto, que tiene en la cabeza una noción de lo que es la democracia y no la democracia de quitar y de poner, que es como solemos concebirla por estas latitudes, sino la democracia como acervo de la humanidad, que no se puede desmontar, que tiene una razón de ser, que es un imperativo a estas alturas del siglo XXI.

AMR.– Hay otras alternativas fuera de sus deseos. Serpa en lo de siempre, y Mockus, quien curiosamente ha dado un giro hacia el centro de izquierda. ¿Uribe-Serpa, Uribe-Mockus?

LR– Estamos en una contienda electoral, que es como una pelea de boxeo, es decir, yo no le voy a dar chico al contendor. Sigo con Carlos Gaviria. Mockus tiene experimentos interesantes de civilidad. Es un tipo que tiene arrestos interesantes en el sentido de construir una moral laica, una ética civil, en contraposición a una ética religiosa que se ha derrumbado y que hoy por hoy parece puesta al servicio de asuntos muy sórdidos. Pero las cosas son políticas y pasan por la construcción de partidos y pasan por definiciones en torno a los grandes temas del gobierno, de la economía, de la política, entonces ese discurso no político de Mockus puede servir como un sesgo autoritario que ha demostrado en muchas ocasiones. No quisiera que Mockus ganara, me parece que nos meteríamos en una aventura…

AMR– ¿Y Serpa?

LR– A Serpa lo quiero, lo admiro y es mi amigo, pero es liberal y yo pienso que los partidos, al Liberal y al Conservador hay que cobrarles, hay que pasarles la cuenta por lo que es la catástrofe de este país. Este pueblo colombiano es un pueblo que sufre mucho, y eso tiene responsables. Y yo pienso que los principales responsables son los partidos tradicionales, con sus medios de comunicación, con todos esos mecanismos de mentiras, tergiversación, de afianzar el poder de unos pocos, de privilegios infinitos para unos y de vida muy jodida para otros...

AMR.– Después de 30 años sigue siendo políticamente la misma… usted no se ha puesto la chaqueta para el otro lado…

LR– Sería como abandonar todo lo que ha sido más grato, más libertario. Ahí florecimos, la izquierda es lo nuestro. Seguramente fracasado, eternamente, en términos de pragmatismo político, pero eso es lo nuestro y yo sigo creyendo que ahí está el futuro. Estamos con los palestinos, estamos con los que están jodidos en todas partes, estamos con la muchachada que se rebela en los barrios de París, estamos con los intentos de construir democracia en América Latina. Eso es lo nuestro, eso es vida.

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