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"Ya paso el tiempo en que nos arrasaron"

 
 

Ya paso el tiempo en que nos arrasaron
por Justicia y Paz

Feb. 16, 2007

Crónica de la constitución de la Zona de Biodiversidad y Reserva y de la reconstrucción del Cementerio en el Curvaradó en medio de la selva verde de la palma aceitera Junio 5 y 6 de 2006


Yo les he dicho que ya no más, que yo iba a venir aquí a la propiedad que nuestra madre nos heredó, que nunca negociamos ni iba a negociar, ya no hay más tiempo, desde hoy empezamos en nuestra tierra, la Zona de Reserva, esas fueron las palabras de un afrocolombiano de la familia RENTERIA, minutos antes, de que ese lunes 5 de junio en el Curvaradó iniciaran el ingreso a la propiedad que fue deforestada y convertida durante 5 años en el semillero de palma aceitera de la empresa Urapalma.

La palma que ha nacido en este vivero montado en tierra ocupada ilegalmente después del desplazamiento forzado de la familia RENTERIA en el caserío de Cetino. Este poblado solo existe como referencia, todo lo que había casas, tiendas, templos, habitantes desapareció con la ocupación de la palma.

Desde el 2000 Cetino es el lugar de nacimiento de millares de palmas que hoy llegan a ocupar 15 mil hectáreas en el Curvaradó. En las últimas semanas en un vetusto camión han salido de este vivero centenares de palmas para trasplantarse en el caserío de Playa Roja en donde han sembrado 600 hectáreas más.

Lo que se oculta detrás de un prospero negocio es la idea de un progreso sustentado en el crimen, en el engaño, en la presión y en la destrucción ambiental, por eso prefieren llamarlo los habitantes desplazados, y los que regresaron hace dos meses al Curvaradó, el muertero.

El caso de la familia RENTERIA es uno más de los centenares de experiencias silenciadas, ocultadas, negadas cuando no distorsionadas por el ejecutivo, por medios de información.

Desde 1.996 ellos fueron parte de los millares de afrocolombianos y mestizos que se vieron obligados a desplazarse del Curvaradó debido a las operaciones contrainsurgentes de tipo paramilitar de la Brigada 17.

La presencia de la guerrilla de las FARC EP en la región fue un pretexto bajo el cual se implementaron técnicas de destrucción y de persecución sobre comunidades enteras en esta cuenca del bajo Atrato.

En los habitantes del Curvaradó, en los restos de tierra que no se encuentran sembrados con palma se encuentran las huellas de torturas, asesinatos selectivos, masacres colectivas, desapariciones, ametrallamientos, bloqueo económico, saqueo, quema de caseríos de 20 comunidades de las cuales 14 están hoy, casi 10 años después, invadidas con la siembra de palma. Todo está en la impunidad, el crimen de vidas humanas, el crimen ecològico, el crimen de la usurpación.

Sobre las más de 50 mil hectáreas tituladas colectivamente y más de 5 mil con títulos individuales las actuaciones gubernamentales a través del INCODER han sido solo sobre saltos de un informe de Marzo del 2005 anunciado en la Corte Interamericana de Derechos Humanos que reconoce la ilegalidad de la siembra, la contrarreforma agraria y la violencia que acompañó la apropiación, se pasó a aceptar la impugnación empresarial para posibilitar la justificación de que hubo compra conforme a la ley.

Se continúa obrando contra derecho, los campesinos han realizado solicitudes explicitas para que cese la siembra de palma, han exigido la restitución de la propiedad usurpada ilegalmente y la clarificación sobre algunos linderos y la necesidad de una comisión que verifique los destrozos ecológicos, ambientales pero nada se ha hecho. Por el contrario la militarización territorial coincide con el cuidado de los viveros, de los lugares de bodegas y abastecimiento de la palma.

Unidades de la Brigada 17 a las víctimas que han regresado les intimida, les acusa de estar provocando la venganza, les señala de guerrilleros, les judicializa y les tilda de brutos e irresponsables a los mestizos e indígenas que han regresado con la propuesta de Zona Humanitaria y Zonas de Reserva de la Biodiversidad.

Ese lunes a mediados de la mañana decenas de campesinos, con delegados de Gran Bretaña acompañaron a la familia RENTERIA en su decisión de recuperar la propiedad con título individual resuelto con el número 650 de 28 de diciembre de 1.987 del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria, INCORA, con 39 hectáreas, ante la ocupación ilegal de la que han sido víctimas por parte de la empresa Urapalma.

Los pobladores después de una decena de años desterritorializados por la violencia de la guerra militar y la violencia económica que la explica, ingresaron a la parcela de más de 200 hectáreas. Simultáneamente en dos espacios empezaron a quitar más de 100 semillas de palma durante 4 horas de trabajo, las halaban a un lado y las juntaron.

”La palma es creación de la naturaleza no tiene la culpa, las arrancamos de raíz y las dejamos a un lado para que sus dueños las recojan, para ellos la palma no es vida es negocio, para nosotros la palma no es nuestra no es propia no es de aquí ni para estas tierras. La palma la arrancamos porque por ella hemos sufrido desplazamiento, por ella mataron a mi padre Inocencio. Siento un dolor en el alma, por ese negocio mataron a mi padre y nos quitaron a todos la tierra”

De la tierra que antes colocaba en pie árboles de cativo, de caucho, de roble, de yarumo quedan leves imágenes. El múltiple canto sinfónico de chicharras, cocuyos, luciérnagas, sapos, pájaros y miles de intensidades de verdes entre vuelos de mariposas amarillas y azules se encuentra en los recuerdos selva adentro a más de cuatro horas. Las sombras de la espesa selva descentrada en el vuelo de los papagayos y en aleteo de pelícanos posando entre los cursos de riachuelos es ahora un sol implacable sobre un mismo verde uniforme. Múltiples carreteras sin asfalto por donde transitan tractores, camiones con los frutos de la palma o con los militares o policías, o los antiguos paramilitares que hoy siguen con radios de comunicación, con armas cortas, con motos sin placa y se les llama convivir, eso es lo único que existe.

La destrucción de vidas humanas, y de la biodiversidad ambiental son altísimos y no logran compensar los planteamientos ecologistas que hablan de la necesidad de biocarburantes para el mercado interno e internacional en sustitución de los derivados del petróleo. Por eso los rumores se han ido convirtiendo en certezas esta agroindustria amarga en sus frutos recorre el Curvaradó por tierra hasta Mutatá donde existe una planta procesadora y se traslada a la costa Atlántica.

”Hemos empezado esta Zona de Reserva. Nosotros habitamos en la Zona Humanitaria del Curvaradó y venimos a trabajar aquí a sembrar para comer lo que necesitamos como familia para sobrevivir y también a recuperar la biodiversidad y hemos sembrado tres árboles, y eso empezamos hoy. Empezamos a limitar la propiedad que legalmente nos pertenece, la que nuestra madre habitó en más de 50 años y que nos fue reconocida en el 80”

No había terminado el trabajo en la Zona de Reserva, cuando apareció un hombre en una moto de la empresa Agropalma, quien les preguntó que estaban haciendo “es que a uno le duele, es muy doloroso esas semillas valen mucha plata, es mucho dinero”. Los miembros de la familia RENTERIA expresaron mirando el vivero: “A nosotros nos dolió la vida, yo les dije a los empresarios saquen su vivero, les dije hace unos 15 días, yo voy a mi tierra, ustedes no saben que es el hambre, que es la destrucción de lo de uno y vamos a empezar a trabajar, que es que nos hayan prohibido volver a nuestra tierra y después de unos años llegar aquí y encontrar que toda la vida la destruyeron”.

A eso de las 2:30 p.m. el mismo administrador de la palma regresó y con radio de comunicación comunicó a la Familia RENTERIA con una representante de Urapalma quién solicitó que no se siguiera sacando la palma. Los familiares respondieron que hacía muchos años atrás solicitamos se reconociera la propiedad, “se nos dijo que se nos pagará por los daños causados y nos respondieron hagan lo que quieran busquen abogado, no vamos a dar un peso, hace menos de quince día les manifesté que yo iba a regresar a sembrar y les solicite que recogieran sus semillas de palma”

Otro de los pobladores que allí estaba entre voz baja expresó. “es que es demasiado tarde, han pasado mucho tiempo, ha usado la violencia y ahora si quieren negociar, cuando hubo violencia, solo decían se van, se mueren o venden o lo compramos a la viuda” Otro expresó: “siempre negaron ser los responsables, nunca quisieron oírnos, cuando se hicieron las denuncias en la prensa de Estados Unidos, cuando la Corte Interamericana de Derechos Humanos supo, cuando hubo verificaciones y la verdad era imposible de tapar, y luego de que asesinaron a ORLANDO VALENCIA, ahora si buscan que caigamos en nuevas mentiras, que no hagamos nada sino silencio, ahora que estamos aquí si quieren que no trabajemos. Nosotros estábamos bien aquí, todos estábamos felices hasta que llegaron, así no son las cosas, estoy en mi tierra, es nuestra tierra, de aquí vivimos, de aquí comemos, de aquí estudiamos, de aquí hacemos viviendas y no destruimos nada, lo cuidamos”.

Antes de volver a la Zona Humanitaria en el Curvaradó había nacido la cuarta Zona de Reserva, tres pequeños árboles de roble dieron el sentido pleno a la jornada, un espacio territorial de protección, de preservación o de recuperación cuando la biodiversidad ha sido atropellada. Unos letreros indicaban que algo nuevo estaba naciendo allí.

Las Zonas de Reserva, se sustentan como un práctica propia de las comunidades ante las circunstancias excepcionales en términos de ecosistemas, biodiversidad, endemismo, recursos naturales las comunidades iniciaron la constitución de zonas delimitadas dentro de los territorios colectivos o los títulos individuales, con el animo de constituir zonas de biodiversidad y de reserva natural bajo la categoría de bien civil protegido por los Convenios de Ginebra y de Zonas de Reserva de la Sociedad Civil dentro del Estatuto Ambiental Colombiano (Art. 109 y 110 de la Ley 99 de 1993 y Decreto 1996 de 1999), las cuales les permitirán la consolidación de los proyectos de soberanía alimentaría a través del aprovechamiento forestal comunitario y el aprovechamiento sostenible de recursos no maderables y la conservación, preservación, regeneración y restauración de los ecosistemas entre las que se encuentran el aislamiento, la protección, el control y la revegetalización o enriquecimiento con especies nativas, la recuperación gradual y la preservación del entorno natural a través de acciones que conduzcan a la conservación, preservación y recuperación de poblaciones de la fauna nativa. Ya existen tres Zonas de Reserva en la cuenca del Cacarica, también, en el bajo Atrato.


De regreso a la Zona Humanitaria, ante de la caída del sol, las palabras fueron liberadas, palabras osadas, palabras rebeldes por transparentes. Rebeldes en tiempos del dominio. Para ellos, contra toda lógica, tal vez, ya no hay tiempo más que este tiempo, el último tiempo, el corto espacio entre vivir dignamente y morir por lo amado. Una y otra palabra se enlazaron desde el caserío de Cetino hasta Caño Claro en la mejora de ENRIQUE PETRO, donde se encuentra la Zona Humanitaria. Mujeres, sobre todos mujeres, adultos hablaban entre cortados, en la lucidez de quien ha sido presionado, amenazado o engañado, entre las palabras que destilan un miedo del que se es liberado, hablaron múltiples voces con el corazón.

“En esa época decían, sí usted no vende le compramos a la viuda y uno indefenso, desplazado, perseguido, que más hacía. Pero no todos vendieron. A algunos nos llevaba un paramilitar a una Notaría y lo dejaban allí para firmar papeles. Yo me recuerdo que el notario me dijo, pongamos la finca por más hectáreas y vamos por mitades en lo que pague el patrón”. “Yo me recuerdo que nos hacían reuniones de grupos por El 10 nos solicitaban ir con mensajes de los paramilitares, allá llegábamos una señora nos hablaba de vender y afuera hombres armados, que la venta era la mejor opción, que quien no vendiera perdía todo, y llegaban intermediarios, y con el mismo mensaje es mejor que venda a que le cojan la tierra, es mejor vivir que morirse por ahí tirado en una cuneta”. “A mi me llevaron a una tienda en Belén de Bajirá, allá me llevaron luego de buscarme por varios sitios de Colombia, cuando llegue me dijeron: las tierras las necesita el patrón, hagan el negocio y damos de 100 mil porque la oferta de pago a 200 mil ya pasó. A otros les decían, esas tierras son nuestras y les damos un buen precio. A otros ya desplazados nos seguían a Apartadó, a Chigorodó, a Turbo, y un hombre llamado ARMANDO, paramilitar, creo que está vivo, le dicen el ¨pitillo¨ decía o venden o le compramos a la viuda. Y si uno aceptaba lo llevaba a uno a donde el Notario” “A otros los citaron en la finca El Kongo, Los Cedros, creo y otras dos, allá empresarios y paramilitares nos decían es mejor vender. Aquí los que vendimos no lo hicimos en libertad, todos fuimos obligados, nos da miedo decirlo pero es así por que es decir que masacraron, que nos desplazaron y que ahí empezaron con la siembra de palma”. Aquí se han pasado todo por encima, ni la Resolución Defensorial, ni las medidas provisionales de la Corte Interamericana, todo se ha hecho pero lo único que define es su ley, la única ley es la de ellos, sin limites”

Y al siguiente día, el martes 6, una nueva caminada de una hora desde la Zona Humanitaria hasta la Zona de Reserva, ya no es el muertero, en un día un espacio de dolor fue recobrando la vida, una porción del territorio recobrada por sus legítimos dueños había iniciado el camino de su recuperación de la siembra de pan coger y de biodiversidad, el derecho a la alimentación, el derecho a respetar las múltiples vidas, la reservas forestales, las fuentes de aguas, los vivientes diminutos, el derecho a la vida de la humanidad.


Entre la caminada y la Zona de Reserva el paso permanente de militares en camiones, su descanso en los campamentos de Agropalma y su movilidad desde la casa en que se encuentra la casona del vivero de Urapalma oficinas fue evidente En ambos lugares se sumaron no menos de un centenar de trabajadores en la mañana, algunos extrayendo de una parte del vivero las semillas crecidas para el trasplante en Playa Roja, según indicó un trabajador, los otros sacando los primeros frutos ya seleccionados para la extracción del aceite.


A eso de las 9.00 a.m. mientras continuaba el trabajo comunitario en la Zona de Reserva, algunos trabajadores empleados de Urapalma y Agropalma fueron hablando, palabras mezcladas quedaron en esa carretera que parte la finca de la familia RENTERIA en dos.

“A uno no le pagan bien, no puede hablar mal. Nosotros sabemos que esto se esta sembrando en tierra de otros dueños, pero las necesidades que tengo me obligan a trabajar así. Aquí el que habla algo, el que manifiesta una inconformidad lo echan, y en Belén de Bajirá, en Chigorodó, en Mutatá esto es lo único que da algo, que no es pago justo. Uno no firma contrato, se hace un papel que no es un contrato, uno no recibe lo de salud ni apoyo pero esto es mejor que nada. Yo tengo un vecino que después que le quitaron la tierra, le toco emplearse, eso y creo una cooperativa o asociación de trabajadores para pedir préstamos al banco Agrario, créditos de FINAGRO y nunca vieron un peso, saben que la plata la recogieron los empresarios y la invirtieron pero los que quedaron endeudados fueron los campesinos, que no son socios reales son deudores. A nosotros nos han dicho los empresarios que debemos de pronto hacer una huelga que porque los que retornaron están dañando el negocio, y que las ONG nos tendrán que emplear, que si no decimos nada nos van a liquidar. Otros han dicho que van a promover retornos para evitar que la gente vaya a sus fincas a quitar la palma”.

Minutos después cuando se estaba acabando de señalizar la propiedad, se escucharon las voces de unos trabajadores de Agropalma, que después dijeron haber sido mal interpretados, desde una distancia de 100 metros en donde se encuentra un campamento gritaron:. “!!! Quiten esa mierda ¡!!”

Una hora más tarde aparecieron las motos, una pasó de largo con dos hombres y sin placas, otra se ubicó detrás de un grupo de la gente. Un leve frío se percibió en los rostros. “Es que este es un paramilitar, antes fue guerrillero de las FARC, ahora es paramilitar pero le dicen convivir porque ya se desmovilizaron”

Y ahora señalizada la Zona de Reserva de la familia RENTERIA del caserío de Cetino hacia Andalucía a hora y media de camino.

Para uno de sus fundadores todo era irreconocible. Hace 10 años, desde el desplazamiento este afrocolombiano de 70 años no había observado su territorio, sus vecinos que lo acompañaron lo guiaron para observar un inmenso árbol que no fue arrasado que se encontraba en pie. La mirada fija del patriarca se acompañó de una leve sonrisa, logró ver algo de lo perdido y desde allí se orientó para descubrir los cimientos de su vivienda, todo absolutamente todo estaba sembrado de palma. El templo de la iglesia, el sitio de atención espiritual, la casas del centro del poblado no estaban. Nada de lo que levantaron 50 años atrás estaba en pie. Pero a pesar de eso, su sentido de ubicación latiendo desde dentro logró llevarlo hasta los cimientos de lo que un día fue su casa, la de su familia, la de sus nietos. Su mirada continúo fija fueron pocas sus palabras, su rostro, sus ojos lo decían todo, todo había sido arrasado menos su dignidad, menos su esperanza, por eso “voy a volver, estoy aquí triste, pero feliz, aquí esta mi vida”.

Luego de andar entre las palmas, seguidos por personal del ejército que se ocultó entre sus hojas, la lluvia empezó a caer, acompañando el llanto del patriarca JORGE, él llorando por dentro, la lluvia llorando por todos los ausentes, llorando de tanta indignidad.

Los pasos fueron al tiempo de lo sagrado, 20 minutos después de andar entre matorrales, entre tierra removida, al lado de caños que perdieron su curso natural se pisaron lapidas irreconocibles, prendas de restos humanos, y el signo de la profanación en un hueso de una pie de un hombre. Un lugar enmontado totalmente, que en silencio con algunos machetes fue descubriendo que las maquinarias que canalizaron el río para la palma arrasaron el cementerio, el lugar del descanso, el lugar donde reposaban más de 200 restos, de los ancestros.

Entre el silencio, la búsqueda angustiosa de los nombres en las lápidas y apareció un apellido GUTIERREZ . Y empezó la exhumación de los nombres, de las historias, de los seres arrancados con fuego, con tortura. Nombres de los asesinados, muchos de ellos negados por los efectos del terror, y que hoy empiezan a nombrarse como el nombre de INOCENCIO DIAZ, de FERMIN MERCADO, de ADELMO MERCADO, de RAFAEL VILORIA…. Y más nombres se fueron pronunciando en el ritual de empezar a recuperar la memoria, la dignidad de los sepultados, la memoria florenciendo. El horror no logró silenciar todo lo que es la Vida.

Y al final, unas palabras que suenan rebeldes, que hablan de indignación, que hablan de los derechos, que hablan de humanidad, al caer la tarde, entre la lluvia entre aljibes nuevamente descubiertos, las palabras. “Ya paso el tiempo en que nos arrasaron las vidas, el tiempo en que saquearon nuestros ancestros, el tiempo en que de aquí nos sacaron, el tiempo en que nos prohibieron volver, el tiempo en que nos forzaron a vender, el tiempo en que nos engañaron, el tiempo en que la mentira se hizo verdad, la injusticia en justicia, este es nuestro tiempo, el resto del tiempo que queda para los del porvenir”


Bogotá, D.C Junio 12 de 2006
COMISION INTERECLESIAL DE JUSTICIA Y PAZ

 

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