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Columnistas: Alfredo Molano

Debate electoral / Alfredo Molano

 
Alfredo Molano
Debate, lo que se llama debate, no hubo. Quizás un leve asomo de discusión con el presidente-candidato. Lo que yo vi y oí fue un interrogatorio con preguntas esperadas y respuestas esperadas. Que es, de todos modos, un paso adelante para un público acostumbrado a los enlatados. Patricia Janiot estuvo poco recursiva; Darío Fernando Patiño, un tanto ausente, pero hizo la pregunta estrella de la noche: ¿Por qué no vino Uribe?

Mokus mostró más actuación que ideas claras. Parecía que las que tiene quisiera aclararlas moviendo como un mago de bola las manos, que terminan enredándose con los dedos. Posa de original e inteligente y resulta ser un enredado profesor. Leyva no convence; no mira al público y le salta un aire conservador casi físico. Le pasa con la guerra lo que a Juanito con el gusanito, que era la única lección que se sabía y siempre caía en el mismo sitio: el elefante tiene una trompa de gusanito. Sin duda la guerra es causa de muchos males y toda solución política pasa por una negociación del conflicto, pero martillar en él, que tiene la llave, que es el único, el ungido, el Moisés que sabe cómo subir al monte y bajar con las tablas de la ley, es un argumento pobre. Acabar con la guerra en seis meses recuerda la promesa de Uribe que prometió derrotar a las Farc en 18. Horacio machacó con su experiencia. Lo que con franqueza tiene tanto de largo como de hondo; me quedó la sensación de querer vender la mercancía empaquetada y de salir de todo el lote sin mostrarlo, una referencia autocrítica le hubiera ayudado. Suprimió los adverbios, lo que es ganancia neta. Carlos Gaviria marcó distancia y, no obstante, tendió puentes. Fue el único que no apeló a su experiencia administrativa; sus respuestas fueron livianas y claras. Le vi un inclinado de atril que no le conocía y que contrasta con la seguridad que desprenden sus frases bien construidas y sus contenidos avanzados.

Entre los cuatro candidatos hay pocas grandes diferencias. Sin embargo, hay más puntos comunes entre Leyva, Horacio y Gaviria que entre estos y Mokus, que parece estar dispuesto a cambiar la pirámide de espuma plástica por el sombrero aguadeño y el ponchito. Hay puntos muy comunes entre Serpa y Gaviria. Si hay segunda vuelta, un frente electoral entre los candidatos de oposición es seguro y necesario, no hay que olvidar que, como se ha vuelto costumbre decir: todo gobierno pasado fue mejor, y esto, en el caso de la reelección, sería un laberinto para la democracia. En el tema económico hubo pocos avances y ninguna concreción. Acabar con la pobreza, con las desigualdades suena populachero, aunque sea un programa válido; pero levanta un muro de escepticismo sin que se diga cómo hacerlo. Carlos da un paso más adelante: hay que cambiar el modelo de política económica, haciendo que beneficie a todos y no a pocos. Pero sigue habiendo algo gaseoso. A Mokus nadie le entendió una sílaba de su propuesta económica. En contraste con su doctrina de la extradición: no se extraditará si los narcos se portan bien. Algo sonsa la propuesta para un candidato tan alambicado. La de Horacio no se distinguió de la de Uribe en este punto. La de Leyva más rústica que la de Gaviria pero ambas valientes: no habrá extradición para delitos cometidos en el país.

En conjunto, el vacío de Uribe se sintió. Un poco de prudencia, un poco de miedo y mucha soberbia. Las respuestas de los candidatos fueron todas fuertes: a Mokus le recordó la silla vacía que dejó Marulanda en el Caguán; para Leyva, Uribe tenía temor de enfrentarse a cuatro candidatos transparentes; para Serpa, el presidente-candidato habría tenido que responder por los trescientos mil votos que le pusieron los paramilitares cuando fue electo; y para Gaviria, a Uribe le era inconveniente presentarse porque habría muchas preguntas que ni moral ni políticamente podría responder en una confrontación directa. Haberse escabullido del debate, dijo Gaviria, le conviene a Uribe, pero no le conviene a la democracia colombiana. Coincido una vez más con Gaviria: La ausencia de Uribe evidencia la tesis de Gaviria: no vivimos en una democracia plena. Uribe fue el perdedor en el debate, y fue un mal perdedor. El que tiene rabo de paja, no se acerca a la candela.
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