Hace unos veinticinco años, día más día menos, los colonos de La Macarena marcharon a San José del Guaviare para pedir una solución efectiva y permanente de sus problemas: titulación, crédito, vías, salud, mercados. El gobierno respondió alegando que mientras ocuparan predios en el parque, no habría ayuda alguna. Hubo lesionados en la protesta, y varios asesinatos después. Ninguna solución. Un año más tarde, el reclamo se repitió y los campesinos se tomaron el pueblo de La Macarena.
Tampoco hubo arreglo. Dos o tres años después, otra marcha. Los colonos querían llegar a Villavo y fueron detenidos a bala en Iracá, cerca de San Martín. Lograron esta vez la sustracción de un pedazo de la reserva y de la creación del Área de Manejo Especial. No sirvió para nada. Los terratenientes los siguieron empujando hacia adentro del parque. El gobierno declaró que detrás de todo estaba la guerrilla, y se atrincheró en el argumento. “Consecuencialmente”, como dijo el general Bedoya, el gobierno se tomó por agua, tierra y aire la región. Plinio Apuleyo aplaudía desde un rincón. La Fuerza Pública hizo lo que la Constitución le autorizaba: entró con bombo y platillos. A los dos años, hizo lo contrario: salió. La estrategia militar ha primado siempre sobre la social. Conclusión, los cultivos de coca no han cedido ni un centímetro.
Ahora el gobierno de Uribe, después del feroz ataque de la guerrilla a un destacamento del Ejército en Vistahermosa, ha vuelto a insistir en la fórmula militar, con el nombre Operación Colombia Verde. Ha suspendido, por el momento, la fumigación de cultivos de coca en el parque de La Macarena —y en todos los parques nacionales—. En época electoral tiene un costo muy grande envenenar estas “zonas intangibles”. Pero de otro lado, los operativos militares no se pueden detener. El Alto Comisionado para la Acción Social, un gamonal de Filadelfia, Caldas, encontró una solución salomónica: erradicar a mano. Se volvieron a sacar bombo y platillos y El Mismísimo en persona arrancó de raíz ante las cámaras cuarenta matas de droga, como él las llama.
El Gobierno llevó 930 jornaleros de otras regiones a seguir el ejemplo y comenzó el más grande operativo de utilización de la erradicación manual, hecha por civiles, en apoyo de una operación militar. ¿No es esta mixtura cívico-militar una fórmula novedosa de la consabida “carne de cañón” o una nueva modalidad de escudos humanos? Los observadores internacionales encargados de vigilar el cumplimiento del Protocolo II, complementario de los Acuerdos de Ginebra, deben estar tomando atenta nota del caso. Sin tanto refinamiento, los campesinos contratados para el operativo han comenzado a oler el tocino. Si no se puede oír radio ni fumar de noche, es porque están en medio del campo de batalla. En dos semanas la subversión ha atacado ocho veces a la Fuerza Pública, ha matado a siete policías y herido a otros tantos. Las cuadrillas de trabajadores se mueven con lentitud por miedo a las minas. Para rematar, el Gobierno, siempre faltón, no les paga a los contratados el jornal, hasta el punto de que dos terceras partes han desertado.
La erradicación manual, en una zona de guerra, ha fracasado. El Gobierno mantendrá la caña por dignidad, como dice, pero ya calienta motores para fumigar por aire. Que es también otro fracaso: la coca sigue cultivándose y el precio internacional de la cocaína no se afecta. Más aún, después de que pasan los aviones, los campesinos resiembran con una nueva variedad, la Boliviana, que es tres veces mas productiva que la Tingo María, que sustituyó a la Peruana, que a su vez sustituyó a la Caucana. Es la única sustitución efectiva que el Gobierno ha coronado
Desde hace 25 años, los colonos de La Macarena han propuesto una solución civil: la creación de una Reserva Campesina en la margen derecha del río Guayabero. Pero el generalato ha considerado que aceptar la demanda de una solución pacífica —que está además consagrada en la Ley 160 del 94 y ha sido apoyada, entre otros organismos, por el Banco Mundial— es cederle a la guerrilla. Y así arrancamos para otro cuarto de siglo.