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Noticias: CARTA AL FISCAL DE ESPACIO DE TRABAJADORAS Y TRABAJADORES DE DERECHOS HUMANOS DE BARRANCABERMEJA

Jueves, 27 de Marzo de 2008

 
CARTA AL FISCAL DE ESPACIO DE TRABAJADORAS Y TRABAJADORES DE DERECHOS HUMANOS DE BARRANCABERMEJA

No hay garantías para la defensa de los derechos humanos en Barrancabermeja y el Magdalena Medio. En lás últimas semanas se multiplican los asesinatos y los falsos positivos


Por ESPACIO DE TRABAJADORES Y TRABAJADORAS DE DERECHOS HUMANOS

BARRANCABERMEJA: CARTA ABIERTA AL FISCAL GENERALDE LA NACION.  NO HAY GARANTIAS PARA LA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS

 

DOCTOR
MARIO IGUARAN ARANA
FISCALIA GENERAL
FISCALIA GENERAL DE LA NACION

 28 de Marzo de 2008 | David Beriain

El Espacio de Trabajadoras y Trabajadores de DerechosHumanos, ante las graves violaciones a los Derechos Humanos e infracciones alDerecho Internacional Humanitario que se vienen cometiendo en Barrancabermeja yel Magdalena Medio, sostiene desde el año 2001 un encuentro de interlocucióncon el Estado al que se ha llamado Comision Intersectorial Por la Vida. Encomun acuerdo con  la Vicepresidencia de la República hemos tomado comopuntos centrales: la impunidad de estos hechos y las medidas de proteccion parala defensa de los derechos humanos.

 Teniendo en cuenta los fenómenos dejudicialización y estigmatización de que somos objeto por el papel adelantadoen  este proceso, lo cual queda consignado en una comunicación anexa a lapresente y que profundiza sobre algunos casos graves como el de CREDHOS, OFP,SINALTRAINAL  y ACVC, solicitamos su concurso en esta ComisionIntersectorial por la Vida para que podamos analizar la situación y buscarsalidas integrales a la problemática en el marco constitucional; agradecemos sugestion para que la fiscalia seccional de Barrancabermeja y Bucaramanga y lasUnidades de justicia y Paz, de Derechos Humanos y D.I.H hagan presencia enBarrancabermeja el 1ro de Abril del presente año.

 Lograr de las autoridades colombianas un papelgarante y protector de nuestro trabajo hace consistente una política pararecuperar el Estado de Derecho que el conflicto ha venido socavando

 Cordialmente

 ESPACIO DE TRABAJADORES Y TRABAJADORAS DE DERECHOS HUMANOS
Barrancabermeja - Magdalena Medio - Colombia
Marzo 25 de 2008

 

"A su muchacho lo matamos nosotros, señora"

Bibiana Ortegaespera justicia durmiendo en el suelo. A sus veintipocos está viuda ycon dos hijos. Lo poco que le queda de su marido, Miguel ÁngelGonzález, es una cartera quemada y una foto de perfil en la que nisiquiera está solo.

"Me lo mató el Ejército, oiga, diciendo queera guerrillero. Y nada de eso, mi marido era un campesino, untrabajador. Se lo llevaron junto a su padre, que formaba parte de unaasociación de defensa de los campesinos. Al padre lo dejaron preso, aél lo soltaron y luego lo mataron. Dijeron que había sido en uncombate, pero mire, mi marido no iba armado. Vamos, ni siquiera llevabael machete que suelen cargar los campesinos para trabajar. Tardaroncuatro días en devolvernos el cadáver. Para entonces el cuerpo estabamuy deteriorado porque lo habían enterrado como NN (sin identificar).Me encontré sus documentos y su cartera quemados al lado de donde lomataron", cuenta.

Al lado de Bibiana, sobre el suelo pelado deun edificio de la Unión Sindical Obrera en Barrancabermeja, descansandos mujeres con historias parecidas. A una de ellas le mataron a suyerno. A la otra a un hermano que bajaba madera por un río. Navegabacon su almadía cuando les sorprendió el Ejército. "Lo sacaron de allí ylo mataron bosque adentro. Otro muchacho que iba con él consiguió'volarse' mientras mataban a mi hermano", relata.

Las tres vienende zonas rurales del Magdalena Medio, una región que parece una maquetade la guerra colombiana: hay Ejército, guerrilla y grupos paramilitaresque no quieren saber nada de la desmovilización promovida por elGobierno de Uribe. "Aquello es un todos contra todos", cuenta uno delos campesinos que acompañan a las tres mujeres. Ni ellas ni sus hijos,que corretean descalzos por todas partes, piensa irse de este edificioque la USO les ha prestado como "campamento humanitario" hasta quealguien del Gobierno les oiga. Hasta que se haga justicia.

"Peroque esta vez vaya en serio, porque hace unos meses vinimos a este mismositio y acampamos denunciando otras ejecuciones por parte del Ejército,hasta que el presidente Uribe vino aquí a vernos a Barrancabermeja. Nosprometieron que se verían los casos, que actuaría la Fiscalía. Hubo unaserie de compromisos. Y hasta la fecha nada. Es más, desde entonces hanmatado a más campesinos. La ofensiva del Ejército en la zona se harecrudecido y hay un montón de violaciones de los derechos humanos",cuenta Carlos Jordano uno de los líderes campesinos.

"Falsos positivos"

EnColombia, lo que Bibiana y sus dos compañeras denuncian, se conoce como"falso positivo". Soldados que matan civiles y los hacen pasar porguerrilleros para aumentar los recuentos de bajas y cobrar losbeneficios que se otorgan a los militares que muestran buenosresultados en su lucha contra la guerrilla.

"Algunas veces lesplantan una pistola después de muertos o les colocan el uniforme dealgún guerrillero abatido. Hemos visto casos de cadáveres en los quelos orificios de bala del cuerpo de la víctima y los del uniforme quele habían puesto ni siquiera coincidían. Ni se molestan en hacerlobien", me contaba hace unos días un activista de derechos humanos.Según el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos, sehan registrado "más de mil 'falsos positivos'".

En diciembre delaño pasado, el sargento del Ejército Alexander Rodríguez denunció antela Justicia que fue testigo de cómo su unidad había asesinado a variosciviles y los había hecho pasar por guerrilleros. "Nos daban cinco díasde vacaciones por muerto", contó. Su denuncia, que involucraba a uncoronel, fue investigada por una junta militar que dirigía elComandante del Ejército, el general Mario Montoya. ¿El resultado? Segúnla revista Semana, la más influyente de Colombia, el denunciante fueexpulsado del servicio activo y el coronel promovido a ayudante delpropio Montoya.

Mientrassu caso salía a la luz, el Ministerio de Defensa presentaba un programade respeto a los derechos humanos en el combate que recibió losparabienes de la comunidad internacional. "No es que sea perfecta, peroal menos es algo, porque en este país los militares han tendido a verel respeto a los derechos humanos como un obstáculo para ganar laguerra contra un adversario que no necesariamente los respeta y hantendido a ver a las comunidades campesinas que viven en zonas deinfluencia de las FARC como guerrilleros disfrazados de civiles", mecontó hace unos días un observador internacional que siguió la creacióndel manual.

Pero, como en todo en esta guerra y en la realidadcolombiana, una cosa es lo que se piensa, se decide y se prescribe enlos despachos de Bogotá, y otra muy distinta lo que pasa selva adentro.A estas tres mujeres ese programa de derechos humanos o ha llegadotarde o no les ha servido de nada. Una de ellas, con la resignación dequien ha convivido con la tragedia toda su vida, me cuenta: "Cuando fuia preguntar qué había pasado con mi yerno, los militares me dijeron:'Mire, qué pena con usted, pero a su muchacho lo hemos matado. Ya estámuerto, así que no hay nada que hacer. Y no vaya a poner unadenuncia... señora'".

La última víctima

Pocashoras después de que fuera redactado este artículo, las organizacionessociales de Barrancabermeja denunciaron otro caso de "falso positivo".

Hacialas nueve de la mañana, en un conjunto de casas conocido como CampoBijao, monte adentro, se oyeron unos disparos. Los campesinos del lugardieron por desaparecido a un miembro de su comunidad, un hombreconocido como Horacio Ladino. Fueron a preguntar al batallón delEjército. El comandante informó de que habían "dado de baja a unterrorista de las FARC que estaba colocando una mina quiebrapata".

"Esoes mentira. Horacio era un hombre trabajador, que había vendido sustierras para comprar madera y comerciar con ella. Un hombre que formabaparte de Cahupocana, nuestra asociación campesina", dice su líderCarlos Giordano.


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