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Noticias: Entrevista a Yolanda Becerra -Presidenta de OFP:"Las figuras no nos van a salvar, nos tenemos que salvar nosotros mismos como pueblos decididos a transformar"

Miércoles, 2 de Mayo de 2007

 
Entrevista a Yolanda Becerra -Presidenta de OFP:"Las figuras no nos van a salvar, nos tenemos que salvar nosotros mismos como pueblos decididos a transformar"

Entrevista realizada por el proyecto de Comunicación de la Comunidad indígena Nasa del Cauca a la presidenta de la Organización Femenina Popular, Yolanda Becerra. Importante conocer a esta histórica organización de mujeres populares colombianas.


Por Tejido de Comunicación para la Verdad y la Vida

 
Las figuras no nos van a salvar, nos tenemos que salvar nosotros mismos como pueblos decididos a transformar
 
[ Autor: Tejido de Comunicación para la Verdad y la Vida]
 
Foto Yo siempre he dicho que los que defendemos la vida y los derechos humanos  no estamos haciendo nada del otro mundo, estamos haciendo lo que nos toca.  Esta labor de  protección y defensa de la vida, todos y todas deberíamos estar haciéndola.
 
Yolanda Becerra es fundadora y directora de la Organización Femenina Popular - OFP de Barrancabermeja y Santander,  reconocida a nivel nacional e internacional ampliamente por su valor, su elocuencia y su compromiso.
 
 
 Yolanda también ha tenido un liderazgo enorme en el Movimiento de Mujeres contra la guerra y las iniciativas de este proceso. Vale la pena recordar que Barrancabermeja  fue la ciudad que estrenó la estrategia de la ocupación paramilitar a sangre y fuego y que quienes protagonizaron la resistencia a los paras fueron las mujeres de la OFP enfrentando amenazas de muerte constante.
 
El tejido de Comunicación y de Relaciones Externas para la Verdad y la Vida de la -ACIN tuvo la oportunidad de hablar con ella y esto fue lo que nos dijo.
 
Yolanda, ¿Cuéntenos como es que las mujeres deciden conformar una organización como es la OFP?
 
Les agradezco mucho la invitación. La Organización Femenina Popular es una organización que tiene 35 años de proceso en Barrancabermeja, Magdalena Medio y ahora  desde el año 2000 en algunas regiones del país. La organización nace como una puerta a la problemática y al momento político en que se conforma.  Somos organizaciones de los barrios populares que decidimos organizarnos para transformar la realidad que en ese momento estábamos  viviendo  y que  continuamos viviendo durante todos estos 35 años, reivindicando los derechos humanos, económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de las mujeres.
 
¿Cómo ha sido su experiencia de trabajo en todos estos años de defensa de los derechos humanos de las mujeres en un contexto tan difícil como es Barrancabermeja?
 
No ha sido fácil ser defensoras o defensores de derechos humanos  en un país como Colombia, en un modelo autoritario, en un modelo  donde la vida no es  lo que  está por encima de la política, sino que lo que está por encima son los intereses individuales y económicos. Un modelo totalmente militarista donde es muy difícil hacer este trabajo y jugar este papel. 
 
Como mujeres hemos logrado construir una dinámica de resistencia, un escenario que defiende los derechos humanos y que es reconocido en todo el mundo. También nos ha permitido impulsar y fortalecer la denuncia, que es uno de los instrumentos de los defensores de derechos humanos para la protección de la vida.
 
Ustedes vienen realizando diferentes actividades para defender los derechos humanos de las mujeres,  en el 2002 se hizo una marcha ¿qué sale de esta marcha  para construcción de una propuesta de resistencia civil?
 
Nosotras desde 1996 estamos construyendo una propuesta de mujeres para el país que es el Movimiento Social de Mujeres  Contra  la guerra. En el año 2002 movilizamos  un promedio de 40 mil mujeres de todo el país hacia la Plaza de Bolívar en una marcha en contra de la guerra. Y en ese sentido el resultado de esta movilización fue continuar ese proceso de construcción del movimiento en distintos  espacios de este país y fortalecer esa postura de las mujeres en contra de la guerra, ya que ésta es un negocio que no nos ha beneficiado a  la población civil, al contrario, desafortunadamente hemos perdido los mejores hombres  y mujeres.
 
Creemos en la resistencia, creemos en la exigencia de los derechos, creemos en el trabajo  por la transformación de este país y de este modelo. Este año estamos trabajando en una movilización nacional de mujeres. La idea es que para la primera semana de Noviembre estemos realizando esta  movilización con una postura muy clara frente a la guerra, con una postura muy clara frente la vida  y con una postura muy clara de  ser sujetos  y sujetas de derechos, que es lo que han venido acabando en este país los  últimos gobiernos, donde los derechos fundamentales parece que fueran propiedad privada y no fueran asumidos por un Estado que tiene  que responder por ellos. 
 
También supimos que el 13 de febrero de 2007  desaparecen a la joven Catherine González, de la Organización Femenina Popular.  Cuéntenos ¿cómo se ha llevado ese caso?
 
Hemos vivido toda la barbarie  de lo que significa la guerra y de lo que han significado los paramilitares como estrategia de guerra en este país  con  el asesinato, la amenaza, el desplazamiento y la desaparición. El 13 de febrero fue desaparecida Catherine González Torres, hermana de una compañera del equipo de dirección de la organización. Inmediatamente nosotras dimos aviso a las autoridades.
 
Pero desafortunadamente como en este país la justicia no funciona, tuvimos que acudir a la comunidad internacional como un instrumento para defender nuestros derechos. Hicimos varias movilizaciones, varias acciones políticas públicas arrojando un resultado que en muy pocas ocasiones se puede contar de esta forma. Y es que Catherine aparece con vida aunque en un estado de salud psicológica y física muy lamentable debido a la tortura que le hicieron y por todas las condiciones que tuvo que pasar. Pero afortunadamente la tenemos en el seno de la familia y de la organización. Ahora  le damos las gracias a la solidaridad y a la  ternura de  los pueblos  que nos permitieron tener este resultado.
 
En el contexto de la política de seguridad democrática ¿qué opinión le merece  las diferentes alternativas que surgen en Colombia?
 
Con la política de seguridad democrática cada día todo funciona por la ley de la fuerza y por la ley de las armas. Esta  política nos lleva a ser menores en derechos, esa es la lógica de una propuesta como esa. Y lo otro es que cada día vamos siendo menos colombianos o menos colombianas porque la soberanía se está perdiendo, entregando, regalando, vendiendo y permutando en una lógica de empobrecimiento en todo sentido: empobrecimiento político, empobrecimiento económico, empobrecimiento en donde  las políticas nacionales y las políticas  internacionales están  acabando con el país.
 
Yo creo que Colombia ha sido muy rica en propuestas desde sus regiones. Yo siempre he dicho que nos han matado muchas cosas pero no nos han  podido matar la esperanza, y en medio de una lógica y de un modelo como en el que vivimos, surgen propuestas, iniciativas y  procesos que nos van alimentando el alma y nos van posibilitando  abrir escenarios y  puertas.
 
Hay unas exigencias. El momento político nos está exigiendo unir esfuerzos y  construir procesos basados en la unidad y en la articulación de todo lo poco y lo mucho que tenemos  para no ser menores al momento político y para poder encontrar una respuesta, una salida  que nos permita construir ese país que soñamos.
 
¿Cómo ve el trabajo de las mujeres indígenas en Colombia? 
 
Los indígenas y sobre todo  las mujeres indígenas  nos han dado mucha enseñanza en cuanto a la resistencia,  la autonomía y  la  civilidad como principios de cualquier proceso de movimientos sociales. También aunque en nuestra región del Magdalena  Medio no quedó ni uno pero muchos hermanos y hermanas indígenas nos enseñaron el sentido de pertenencia hacia lo nuestro, sobre todo lo que significa la tierra y el  sentido de libertad.
 
Pero en medio de estas enseñanzas también hay una realidad muy machista  dentro los movimientos indígenas, el cual yo siento que ha venido avanzando y ha venido  progresando en el sentido de entender a la mujer como un sujeto y de entender que las organizaciones de mujeres indígenas son necesarias, son importantes, son  transcendentales y  hay que abrirles  un espacio.
 
Yo he tenido la posibilidad  de compartir  con algunos espacios de mujeres indígenas,  tuve la posibilidad de estar en Toribío en  la consulta sobre el TLC, participé en el equipo de acompañamiento de veeduría. Ahí miré  que  se progresa  en todos los sentidos,  entendí  que el mundo esta compuesto por hombres y mujeres que tenemos muchas cosas en común, pero también, que tenemos necesidades específicas, que tenemos que abrir espacios y que tenemos que fortalecerlos porque cuando la mujer se fortalece se vuelve sujeta, crece ella, su familia, su  comunidad y también   los procesos sociales y políticos en los que participa.
 
Nos damos cuenta que usted ha tenido la oportunidad de  conocer el Norte del Cauca, el Pueblo Nasa, ¿cuál es su opinión del proceso organizativo  a partir  de lo que usted conoció?
 

Realmente yo me vine muy admirada de toda la propuesta que allá se ha venido trabajando desde hace muchos años, esa propuesta de proceso, de transformación y de Estado. Soy una admiradora de la propuesta Nasa,  aunque todavía  me falta conocer mucho más. También estoy trabajando en un proceso de coalición de movimientos sociales en donde está la ONIC.
 
He podido también compartir un poco más de cerca con muchos compañeros y compañeras del movimiento indígena conociendo esta dinámica.  Me falta compartir más en ese sentido, pero creo que  hay que trabajarle a escenarios que articulen los movimientos sociales. Yo creo que cuando la propuesta tiene rostro, sentimiento y solidaridad se vuelve mucho más efectiva y los compromisos entre hermanos y hermanas se fortalecen en  dinámicas que podrían ayudar a salvar este pueblo.
 
¿Yolanda, considera usted que el plan de vida  de la Comunidad Nasa del Norte del Cauca es una alternativa?
 
Yo sí creo que es una alternativa, creo en los procesos regionales. Además, creo que es desde abajo que se tiene que construir, creo que  las propuestas tienen que llegar a existir desde esa concepción profundamente política y humana y tienen que ser asumidas por sujetos y sujetas concretos en su vida cotidiana.
 
Desde esta  perspectiva, la historia nos esta exigiendo volver a empezar y creo que los indígenas han tenido la razón durante mucho tiempo  y nos lo han demostrado no sólo en la teoría sino en la práctica,  me parece que de ellos tenemos que aprender cómo, dónde y para qué hacer nuestro trabajo.
 
Hoy con  la negociación del TLC y las leyes que están en marcha, los pueblos indígenas y los movimientos populares de América   vienen construyendo una alternativa. ¿Qué cree usted que hace falta para consolidar esta alternativa? 

Yo creo que todos sabemos qué es lo que tenemos que hacer en cada momento durante las 24 horas del día, y eso que hagamos debe convertirse en el plan de vida no sólo de los indígenas sino de los movimientos de mujeres, de campesinos, de sindicatos y también de los  movimientos políticos.
 
En Colombia hay la necesidad de fortalecer y reconstruir la dinámica de los movimientos sociales, pero esto debe empezar en las regiones y desde abajo hacia arriba no desde arriba hacia abajo. Además, es necesario que todos nos volvamos obreros y obreras, porque en Colombia hay una dificultad y es que todos nos volvimos dirigentes o caciques y quedaron pocos obreros. Todos tenemos que ponernos  las botas para hacer lo que hay que hacer y así de esta manera entender que el problema en Colombia no es de dirigentes sino de trabajo de base. No debemos esperar a  que alguien nos salve,  nosotros mismos  como  pueblo  nos tenemos  que salvar. Aquí las figuras no nos van a salvar, nos tenemos que salvar nosotros mismos como pueblos decididos a  transformar esta realidad.
 
¿Cómo recibe la noticia de la postulación para el premio Nóbel de la Paz que hace la AFSC (American Friends Service Comitte) de Estados Unidos,  a la ACIN y a la Comunidad de  San José de Apartadó?
 
Yo siempre he creído que esas postulaciones ayudan muchísimo a la protección de una comunidad, a la protección de unos procesos que ayudan al reconocimiento, a la legitimación de un trabajo y  a crear posibilidades de vida no sólo de las personas sino de los procesos. 
 
También hay unos sentimientos encontrados porque a veces da vergüenza tener que decir que es la comunidad internacional la que ayuda a proteger la vida y  los procesos. Uno siente mucha tristeza de estos reconocimientos porque  sabe que están basados en el dolor, en el desarraigo y en la injusticia de todas las muertes que han dejado.
 
Yo siempre he dicho que los que defendemos la vida y los derechos humanos  no estamos haciendo nada del otro mundo, estamos haciendo lo que nos toca.  Esta labor de  protección y defensa de la vida, todos y todas deberíamos estar haciéndola.
 
Muchas gracias, Yolanda. Un mensaje para toda la  comunidad del Norte del Cauca…
 
El mensaje que podemos dejar es que la solidaridad es la ternura de los pueblos y que tenemos que caminar juntos y juntas desde distintos espacios  para fortalecer nuestras luchas y para seguir defendiendo nuestra dignidad.

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