En ese contexto y a pesar de su dificultad, desde escenarios delimitados local y regionalmente, pero en constante interacción transnacional, es posible percibir algunas tendencias que siguen las economías ilegales y de modo particular, el negocio de las drogas catalogadas como ilícitas. La trama en la articulación local de la economía ilegal de las drogas, contiene a su vez, una compleja diversidad de contextos, actores y procesos.
Muchos de de estos escenarios se relacionan con la presencia de conflictos armados, fomento de la criminalidad y violaciones de los derechos humanos; contextos en los cuales, las drogas se configuran como economías de guerra. En estos ámbitos las políticas antidrogas se entrecruzan con estrategias contrainsurgentes o se mezclan con decisiones propias de la guerra contra el terrorismo; son el caso de experiencias como Afganistán o Colombia, en donde las acciones de erradicación forzosa, incluyendo las fumigaciones aéreas contra los cultivos de uso ilícito y en general, las operaciones de control militar golpean los derechos de las comunidades.
Estos escenarios de confrontación tan visibles por la presencia de insurgencias armadas, constituyen una fuerte paradoja con el poder político y los procesos de control de territorios que exhiben hoy, estructuras empresariales ilegales que se mueven en las áreas grises de la frontera entre legalidad e ilegalidad. En efecto, la incidencia de esas organizaciones en contextos regionales amplios como en el caso de México, Guatemala, Venezuela o Brasil, por mencionar algunos casos de América Latina, junto con la dinamización de las rutas, y en general la capacidad de trasegar drogas y el tráfico de otros bienes, configuran nuevas tendencias que retan las políticas e invitan a reflexionar sobre las alternativas y la capacidad de contención de esos fenómenos en los niveles estatal nacionales.
Estos poderes desde la ilegalidad catapultan elites que crean mecanismos de control por fuera del juego democrático, establecen formas de seguridad privatizada e ilegal, haciéndose fuertes en escenarios tanto urbanos como rurales, afectando seriamente la vigencia de la democracia y vulnerando gravemente derechos humanos.
Frente a esa realidad, las políticas que imperan en el mundo actual están orientadas a mantener en la ilegalidad todos los eslabones de la cadena, desde los cultivos, cultivadores hasta el consumo, así como también, enfatizan en atacar la producción. Estas políticas no han obtenido resultados positivos, por el contrario, hoy este entramado de las drogas ilícitas se fortalece alcanzando precios y ganancias excepcionales.
Por estas razones, se convoca este seminario, dada la importancia de avanzar en la reflexión sobre las distintas propuestas alternativas al prohibicionismo, y con el objeto de realizar una aproximación a las nuevas tendencias de la economía ilegal de las drogas desde perspectivas nacionales inscritas en el orden global, analizar sus dinámicas en escenarios de conflicto, sus impactos en derechos humanos y finalmente, establecer las responsabilidades que le caben al actual régimen de drogas en el agravamiento de esos contextos de ilegalidad.



